
Las famosas palabras iniciales de la ópera clásica Porgy and Bess, compuesta por George Gershwin en 1934, nos recuerdan que: “Es verano y la vida es fácil; los peces saltan y el algodón está alto. Tu papá es rico y tu mamá es bonita, así que, silencio, pequeño, no llores”.
El verano es una época para dejar atrás la tristeza del invierno. Es cuando usamos ropa más liviana y, con suerte, también aligeramos el ánimo. El verano es una época para relajarnos, recargar energías, revitalizarnos y reconectarnos con familiares y amigos. El verano es cuando muchos de nosotros nos tomamos un merecido descanso. Es cuando los días son más largos... y cambiamos el termostato de “calefacción” a “aire acondicionado”. Hay más horas de luz para hacer las cosas que nos gustan sin tener que regresar a casa en la oscuridad ni preocuparnos por la posibilidad de que el pronóstico de una tormenta de nieve obligue a cancelar nuestros planes. En definitiva, para muchas personas, el sol del verano trae optimismo y tranquilidad, y reemplaza así la tristeza y el pesimismo que algunas experimentan durante las noches de invierno, a menudo largas y frígidas. El verano nos anima a salir más y, literalmente, a detenernos para oler las rosas. Es una época en la que nunca nos cansamos de escuchar las palabras: “¡Que comience el juego!”. El verano también es beneficioso para la salud. Existen abundantes pruebas científicas de sus beneficios para la salud física y mental, así como de los efectos positivos de la pausa que inspira a tantas personas a tomarse. Desde hace mucho tiempo, los científicos observan que la vitamina D que nos proporciona el clima soleado es esencial para regular la absorción de calcio y fósforo y mantener huesos y dientes saludables. También se ha demostrado que tiene un efecto positivo en la lucha contra numerosas enfermedades, como el cáncer, la diabetes y la esclerosis múltiple. Asimismo, las investigaciones demuestran que el verano puede ayudar a revertir el mal humor y la depresión que suelen provocar el aislamiento social de los meses de invierno, las condiciones climáticas severas y la menor cantidad de horas de luz. Por lo tanto, inspirémonos en las palabras de Bob Marley cuando cantaba: “El sol brilla. El clima está agradable. Dan ganas de mover los pies al ritmo de la música”. O quizá deberíamos seguir el consejo de los Beatles, que advertían: “Pero mañana puede llover, así que seguiré al sol”. Seals and Crofts sostienen que: “La brisa del verano te hace sentir bien”. Y Martha and the Vandellas cantaban: “Una invitación que recorre toda la nación, una oportunidad para que la gente se reúna... El verano llegó y es el momento indicado para bailar en la calle”. Y, como dicen las letras escritas por el guitarrista de rock Leon Russell y popularizadas por The Tempos: “Nos vemos en septiembre. Nos vemos cuando termine el verano”. Pero la canción también advierte: “Diviértete, pero recuerda: hay peligro bajo la luna de verano. ¿Te veré en septiembre o te perderé por un amor de verano?”. En otras palabras: relájense, recarguen energías, revitalícense y vuelvan a conectarse. Y cuando termine el verano y comience una nueva estación, no se estresen, porque en el Local 237 de Teamsters seguimos el consejo que aparece en la letra de Benny Goodman: “Lleva tu abrigo. No olvides tu sombrero. Pero deja tus preocupaciones en la puerta. Simplemente dirige tus pasos hacia el lado soleado de la calle”.
¡Feliz cumpleaños, Estados Unidos de América!
Este verano habrá una ocasión especial. El 4 de julio de 2026 se cumplirán 250 años desde la adopción de la Declaración de Independencia en 1776. Este documento rompió oficialmente los lazos con Gran Bretaña, que por entonces era nuestra nación de origen. La firma de la Declaración de Independencia fue un acto fundamental que transformó la rebelión del pueblo contra la monarquía británica del rey Jorge III en una búsqueda formal de la independencia... y dio lugar a la creación de una nación nueva, separada y soberana. Al estampar sus nombres en el documento, 56 delegados dejaron de ser simples manifestantes y pasaron a convertirse en los fundadores de una nueva nación basada en ideas revolucionarias, inauditas en aquel momento, como la igualdad y los derechos naturales. Firmar este documento fue un acto increíblemente peligroso y valiente. Los británicos consideraban que el documento era ilegal, y los firmantes sabían que sus nombres en el pergamino podían dar lugar a acusaciones de alta traición, castigadas con tortura y ejecución. La Declaración de Independencia proclamó oficialmente la separación de 13 colonias de Gran Bretaña y, al hacerlo, puso fin a años de conflicto que habían pasado de los intentos de reconciliación a la creación de un nuevo país llamado Estados Unidos de América. John Hancock, quien era presidente del Congreso Continental, como se denominaba al grupo de 56 representantes, firmó primero y con los trazos más llamativos. Por ese motivo, su nombre todavía se utiliza en la actualidad como símbolo de una firma imposible de pasar por alto. La Declaración de Independencia no solo marcó el nacimiento de una nación, sino que también introdujo numerosas ideas que en aquel momento se consideraban radicales, como que “todos los hombres son creados iguales” y poseen “derechos inalienables”, entre ellos “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, así como el concepto de que la autoridad de un gobierno emana del pueblo al que gobierna, en lugar del derecho divino o de las monarquías hereditarias. Los conceptos de la Declaración se volvieron tan populares que, desde 1776, más de la mitad de las 193 naciones que integran las Naciones Unidas han emitido sus propias declaraciones de independencia, tomando como modelo el pergamino original firmado que dio origen a Estados Unidos de América.










